About this blog

Site Sponsors

lunes, 7 de junio de 2010

Manuel Somoza, el hombre de los valores

Genaro Mejía

"Era el chambitas", recuerda Manuel Somoza, de su época de estudiante universitario, cuando no tenía dinero para comprarse un coche o invitar a su novia al cine.

Aunque hoy es toda una institución en el mundo financiero mexicano, Manuel Somoza, actual presidente de Somoza-Finamex, se atreve: se quita el traje de hombre importante y se queda con la camisa del ser humano. "Soy una persona luchadora de origen, ambicioso y muy cariñoso con la gente que está cerca de mí", dice.

Fundador de empresas como Apolo y Prudential Bank, ex director de Banco Mexicano y ex presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, habla de su primer trabajo en el mundo de las finanzas.

"Cuando estudiaba economía en la Universidad Anáhuac, pedí chamba en Banamex, y caí en el departamento de Valores. Evidentemente, ni como analista de Valores ni como asesor de Valores. Tenía un mugroso puesto adentro de la bóveda de Valores del banco. Yo presumía en la universidad que yo sí manejaba Valores, pero los manejaba físicamente: cargaba las acciones, cortaba los cupones adentro de la bóveda… Me tardé un año para tener escritorio. Trabajaba en una mesa con una sierra para poder cortar los cupones de las acciones. Y ahí empecé a preguntar y a aprender, y me enamoré del Mercado de Valores."

Luego, su chamba fue como analista en el Departamento de Estudios Económicos de Banamex, y de ahí pasó a ser analista de Valores en el mismo banco.

"En Banamex, tuve la oportunidad de crear Casa de Bolsa Banamex. Fundé Apolo y Prudential Bank y ahora Somoza-Finamex, que es una nueva aventura", dice.

Pese a vivir siempre en medio de las cifras y las apuestas financieras, Manuel Somoza se dice un hombre con interés social. "No me gusta que me digan casabolsero, no me gusta que me digan especulador. Yo me siento un empresario bursátil."

Y, en ese sentido, comenta: "De las cosas que más orgullo me dan en la vida, es haber creado muchas empresas y haberle dado chamba a innumerable cantidad de gente."

Aunque es una persona muy cálida, explica: "Siempre he sabido separar mi vida personal y mis sentimientos de mi trabajo. En mi trabajo, evidentemente, tengo que ser pragmático, no puedo ser sentimental. El medio en el que me muevo puede ser tremendamente hostil, y la naturaleza misma de la chamba de los que nos dedicamos a esto, nos obliga a tomar pérdidas y utilidades sin derramar una lágrima."

Con dinero…

Con lo ambicioso y luchón que ha sido Manuel Somoza, cuando escucha la pregunta: "¿Qué haría si tuviera todo el dinero del mundo?", lo primero que le viene a la boca es decir: "Invertiría una parte muy importante de esa fortuna en educación, porque es lo que más le hace falta a este país".

Con el resto del dinero, dice, ayudaría a sus amigos que tienen problemas y "no han sido tan afortunados como yo".

La pequeña parte que le quedara de esa fortuna la dedicaría a vivir como ha vivido, sin cambiar mucho lo que ahora tiene. Eso sí, seguiría dándose sus gustos con la comida porque confiesa: "Soy muy tragón."

Gracias a esta "debilidad por la comida", Manuel Somoza conoce los mejores platillos de la ciudad en suntuosos restaurantes, pero también en discretas cantinas tradicionales. "Me gusta toda la comida, en especial la mexicana. No tengo un platillo predilecto; me gusta lo que tenga sazón."
 
Y sin dinero…

Manuel Somoza reconoce que tuvo "una infancia difícil", debido a que sus padres se divorciaron cuando él tenía un año. Así, "por circunstancias de la vida y familiares, fui un niño adoptado. Mis primeros 10 años los viví con mis abuelos maternos y después con unos tíos. Nunca viví con mis padres. Entonces, no fue fácil. Sin embargo, al mismo tiempo, tuve una suerte fenomenal porque los abuelos y los tíos me dieron un cariño brutal y un gran ejemplo y una magnífica educación."

Fue un niño aplicado, estudioso, pero muy rebelde. "Era el niño típico que lo expulsan del colegio, que lo tienen que mandar de interno, castigado."

Pese a que sus tíos eran de "una posición económica muy holgada", él vivió varias dificultades económicas porque, dice, "yo no era ellos".



Y recupera de sus recuerdos: "Yo era el niño adoptado al que le daban casa, vestido, sustento y educación, y se acabó. No tenía yo acceso a las otras cosas, y eso también me hizo ser ambicioso.

Yo quería tener un coche. Fueron cosas que no me fueron regaladas."

Por ejemplo, dice que para comprar su primer auto, a los 21 años, le pidió dinero prestado al papá de un amigo para completar, "cuando todas las personas con las que yo me relacionaba tenían coche desde los 16".

Para tener poder invitar a salir a su novia, "hacía de todo, hacía chambitas. Entré a trabajar muy joven, a los 18 años, en 1966, a Banamex. Estaba en segundo de la carrera. Pero antes había trabajado vendiendo sofás-cama y de cobrador en una mueblería".

A pesar de vivir en un medio acomodado, Manuel supo lo que era querer algo y no poder tenerlo.
"No tenía un solo centavo, y en el medio en el que me movía se necesitaba tener algo. Tuve cuates muy generosos que me traían pa’ arriba y pa’ abajo, pero siempre mi propio orgullo no permitía sólo recargarme en ellos. Era el chambitas: siempre andaba buscando que hacer y dónde cobrar algo para poder salir adelante. Trabajé y estudié durante toda la carrera."

Por eso, dice con orgullo: "Muchas de las cosas que me ha dado la vida, yo se las arranqué a la vida."
 
¿Hago siempre lo que quiero?

"Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero, y me palabra es la ley", canta José Alfredo Jiménez. Ésta podría ser la estrofa que defina la vida de Manuel Somoza. Pero no es así. "Muchas veces no he podido hacer lo que quiero", reconoce.

Y, como ejemplo, cuenta su experiencia al frente del Banco Mexicano, donde fue el director cuando vino la crisis de 1995. En ese momento, dice, cuando sintió la frustración de que el gobierno mexicano apoyara a otros bancos, pero no al suyo, sufrió un "trancazo profesional brutal", pues el dinero de todos los inversionistas, incluyendo el suyo, se esfumó.

Sin embargo, esos trancazos nunca le quitaron las ganas de seguir luchando. "Soy básicamente un optimista empedernido. Nunca he creído en la palabra no. Me encanta buscar cómo sí, lo cual me ha llevado a hacer grandes estupideces, unas veces, y otras, no tanto. Pero así me gusta vivir.
No me veo retirado. Siempre me gustaría tener algo que hacer."

En el balance de su vida, dice: "En la parte profesional, yo creo que me ha ido muy bien, pero en la parte económica, ha sido una montaña rusa: he estado arriba y abajo constantemente, porque he sido parte de la esencia económica de cómo le ha ido al país. No me ha ido distinto a como le ha ido al país, con el que siempre he jugado, donde siempre he jugado."

Por eso, reflexiona, si volviera a nacer, "lo haría de forma distinta, porque metí muchas patas y cometí muchos errores". Insiste en que no es tan arrogante como para decir que volvería a hacer las cosas del mismo modo si tuviera una segunda oportunidad. "Sería un imbécil si lo volviera a hacer igual." EF

Comments :

0 comentarios to “Manuel Somoza, el hombre de los valores”


Publicar un comentario