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domingo, 27 de junio de 2010

Eduardo Pérez Motta, caballero de la competencia

Por Genaro Mejía

Le dicen el zar antimonopolios de México. Pero es mucho más que eso. En un país donde los dragones monopólicos y oligopólicos subyugan a los consumidores, Eduardo Pérez Motta es el caballero de la competencia, quien con la ley, como su única espada, pelea contra estos monstruos.

Aunque la batalla es a todas luces desigual, el presidente de la Comisión Federal de Competencia (CFC) dice: “Cuando tú crees en los principios del mercado y los defiendes, entonces es un trabajo que disfrutas, aunque sea difícil. Tiene sus partes complejas, pero lo disfrutas. Y así opero yo en la vida diaria: creo en ciertos principios y los defiendo.”

Con estos principios como armadura y sin bajar la guardia, reconoce que “uno de los temas en que estamos más en falta con la sociedad mexicana es la competencia y la eficiencia en los mercados. Creo que por eso nuestra economía no está creciendo como debiera”.

Con dinero y sin dinero…

En todo lo que hace, Eduardo cabalga en su corcel competitivo. Pero no está solo. Él sí tiene trono y tiene reina, además de tres hijas que lo comprenden y apoyan.

Le gustan el ciclismo de alto rendimiento y velear. “Entrarle a los retos es una parte fundamental del deporte. Es algo que disfruto enormemente. Los retos me motivan en lo personal y en lo profesional.”

A lo largo de su carrera siempre ha enfrentado varios retos, y aunque nunca ha padecido por falta de dinero, recuerda que cuando él y su esposa fueron a Estados Unidos a estudiar el posgrado, vivían sólo con la beca del Conacyt, y “sí estábamos bastante más apretados”.

Hoy, aunque tiene una vida con todas las necesidades cubiertas, dice que se puede dar menos lujos de los que se daba hace 20 años, cuando empezó a trabajar como servidor público. “Tengo más gastos: mi casa la debo, debo pagar la mensualidad; mis hijas están en la escuela, las colegiaturas son caras... Tienes más compromisos. En ese sentido, hoy sí tengo un poco más de preocupación sobre qué va a pasar con mi vida cuando yo termine de trabajar, cosa que hace algunos años no pasaba.”

Pero el dinero no es algo que le quite el sueño. “El dinero es un indicador de tus resultados... Uno debe vivir más por hacer cada vez mejor las cosas que por ganar más dinero. Sin embargo, el dinero es un resultado de si haces bien o no haces bien las cosas en un mercado donde hay competencia.”

Congruente, Eduardo asegura que si tuviera todo el dinero del mundo, no haría muchas cosas distintas de las que hace hoy. Viviría en la misma casa, y si acaso cambiaría su vieja bici y viajaría más con su familia. “Tendría una vida muy parecida, porque yo creo que no necesitas mucho dinero para disfrutar la vida.”

Hay que saber llegar…

En su paso por sus diferentes aventuras laborales, Eduardo ha identificado la tenacidad como un elemento fundamental para alcanzar el éxito.

Cuenta que en otra de sus pasiones, como profesor universitario, “algo de lo que me he dado cuenta a lo largo de los años es de que los alumnos que son los más brillantes pueden o no ser exitosos, pero los alumnos que son tenaces, esos casi siempre son exitosos. Por eso creo que la tenacidad es un valor que debe uno defender, que debe ser parte de la explicación de porqué te puede ir bien en la vida, tanto en lo personal como en lo profesional”.

Eduardo es uno de esos pocos funcionarios que nunca suelta el escudo de sus convicciones. Es de esos verdaderos servidores públicos que tanto le hacen falta al país. Piensa que “la competencia es que gane quien hace el mejor trabajo, que gane el mejor”.

Para él, “la competencia es una forma de vida”.

¿Y mi palabra es la ley?

Pese a sus fuertes principios y convicciones, este caballero de la competencia ha enfrentado la derrota, al no lograr vencer siempre a los dragones monopólicos. Además está acostumbrado a buscar y lograr consensos, tanto en la CFC como en su familia. “No, no hago siempre lo que quiero: siempre tiene uno restricciones en lo personal y en lo profesional.”

Desde su oficina en Santa Fe se apasiona y reconoce: “Tratas de hacer lo que quieres, tratas de lograr tus objetivos, pero siempre estás sujeto a restricciones, y eso hay que asumirlo así, y al mismo tiempo disfrutar la vida con base en las restricciones que hay.”

Admite que en su vida, en varios momentos, al no lograr aquello por lo que ha luchado, se ha enfrentado a la frustración. “Hay frustraciones, hay momentos en que no logras lo que tú quisieras, y hay veces en que ni siquiera debes lograrlo...

“La sensación de frustración es una condición necesaria para la superación. Es natural que suceda y debe verlo uno como un reto para hacer siempre las cosas mejor.”

Incluso, subraya Eduardo, es bueno enfrentar la frustración en las batallas cotidianas. “Qué bueno que suceda, qué bueno que a veces las cosas no salgan como uno quiere, porque si te malacostumbras a que siempre salen como tú quieres, en el momento que tengas la primera frustración, ahí te quedas. Es parte de la vida. Y lo tienes que asumir así, como parte del costo que tienes que pagar para hacer las cosas mejor.”

lunes, 7 de junio de 2010

Manuel Somoza, el hombre de los valores

Genaro Mejía

"Era el chambitas", recuerda Manuel Somoza, de su época de estudiante universitario, cuando no tenía dinero para comprarse un coche o invitar a su novia al cine.

Aunque hoy es toda una institución en el mundo financiero mexicano, Manuel Somoza, actual presidente de Somoza-Finamex, se atreve: se quita el traje de hombre importante y se queda con la camisa del ser humano. "Soy una persona luchadora de origen, ambicioso y muy cariñoso con la gente que está cerca de mí", dice.

Fundador de empresas como Apolo y Prudential Bank, ex director de Banco Mexicano y ex presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, habla de su primer trabajo en el mundo de las finanzas.

"Cuando estudiaba economía en la Universidad Anáhuac, pedí chamba en Banamex, y caí en el departamento de Valores. Evidentemente, ni como analista de Valores ni como asesor de Valores. Tenía un mugroso puesto adentro de la bóveda de Valores del banco. Yo presumía en la universidad que yo sí manejaba Valores, pero los manejaba físicamente: cargaba las acciones, cortaba los cupones adentro de la bóveda… Me tardé un año para tener escritorio. Trabajaba en una mesa con una sierra para poder cortar los cupones de las acciones. Y ahí empecé a preguntar y a aprender, y me enamoré del Mercado de Valores."

Luego, su chamba fue como analista en el Departamento de Estudios Económicos de Banamex, y de ahí pasó a ser analista de Valores en el mismo banco.

"En Banamex, tuve la oportunidad de crear Casa de Bolsa Banamex. Fundé Apolo y Prudential Bank y ahora Somoza-Finamex, que es una nueva aventura", dice.

Pese a vivir siempre en medio de las cifras y las apuestas financieras, Manuel Somoza se dice un hombre con interés social. "No me gusta que me digan casabolsero, no me gusta que me digan especulador. Yo me siento un empresario bursátil."

Y, en ese sentido, comenta: "De las cosas que más orgullo me dan en la vida, es haber creado muchas empresas y haberle dado chamba a innumerable cantidad de gente."

Aunque es una persona muy cálida, explica: "Siempre he sabido separar mi vida personal y mis sentimientos de mi trabajo. En mi trabajo, evidentemente, tengo que ser pragmático, no puedo ser sentimental. El medio en el que me muevo puede ser tremendamente hostil, y la naturaleza misma de la chamba de los que nos dedicamos a esto, nos obliga a tomar pérdidas y utilidades sin derramar una lágrima."

Con dinero…

Con lo ambicioso y luchón que ha sido Manuel Somoza, cuando escucha la pregunta: "¿Qué haría si tuviera todo el dinero del mundo?", lo primero que le viene a la boca es decir: "Invertiría una parte muy importante de esa fortuna en educación, porque es lo que más le hace falta a este país".

Con el resto del dinero, dice, ayudaría a sus amigos que tienen problemas y "no han sido tan afortunados como yo".

La pequeña parte que le quedara de esa fortuna la dedicaría a vivir como ha vivido, sin cambiar mucho lo que ahora tiene. Eso sí, seguiría dándose sus gustos con la comida porque confiesa: "Soy muy tragón."

Gracias a esta "debilidad por la comida", Manuel Somoza conoce los mejores platillos de la ciudad en suntuosos restaurantes, pero también en discretas cantinas tradicionales. "Me gusta toda la comida, en especial la mexicana. No tengo un platillo predilecto; me gusta lo que tenga sazón."
 
Y sin dinero…

Manuel Somoza reconoce que tuvo "una infancia difícil", debido a que sus padres se divorciaron cuando él tenía un año. Así, "por circunstancias de la vida y familiares, fui un niño adoptado. Mis primeros 10 años los viví con mis abuelos maternos y después con unos tíos. Nunca viví con mis padres. Entonces, no fue fácil. Sin embargo, al mismo tiempo, tuve una suerte fenomenal porque los abuelos y los tíos me dieron un cariño brutal y un gran ejemplo y una magnífica educación."

Fue un niño aplicado, estudioso, pero muy rebelde. "Era el niño típico que lo expulsan del colegio, que lo tienen que mandar de interno, castigado."

Pese a que sus tíos eran de "una posición económica muy holgada", él vivió varias dificultades económicas porque, dice, "yo no era ellos".



Y recupera de sus recuerdos: "Yo era el niño adoptado al que le daban casa, vestido, sustento y educación, y se acabó. No tenía yo acceso a las otras cosas, y eso también me hizo ser ambicioso.

Yo quería tener un coche. Fueron cosas que no me fueron regaladas."

Por ejemplo, dice que para comprar su primer auto, a los 21 años, le pidió dinero prestado al papá de un amigo para completar, "cuando todas las personas con las que yo me relacionaba tenían coche desde los 16".

Para tener poder invitar a salir a su novia, "hacía de todo, hacía chambitas. Entré a trabajar muy joven, a los 18 años, en 1966, a Banamex. Estaba en segundo de la carrera. Pero antes había trabajado vendiendo sofás-cama y de cobrador en una mueblería".

A pesar de vivir en un medio acomodado, Manuel supo lo que era querer algo y no poder tenerlo.
"No tenía un solo centavo, y en el medio en el que me movía se necesitaba tener algo. Tuve cuates muy generosos que me traían pa’ arriba y pa’ abajo, pero siempre mi propio orgullo no permitía sólo recargarme en ellos. Era el chambitas: siempre andaba buscando que hacer y dónde cobrar algo para poder salir adelante. Trabajé y estudié durante toda la carrera."

Por eso, dice con orgullo: "Muchas de las cosas que me ha dado la vida, yo se las arranqué a la vida."
 
¿Hago siempre lo que quiero?

"Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero, y me palabra es la ley", canta José Alfredo Jiménez. Ésta podría ser la estrofa que defina la vida de Manuel Somoza. Pero no es así. "Muchas veces no he podido hacer lo que quiero", reconoce.

Y, como ejemplo, cuenta su experiencia al frente del Banco Mexicano, donde fue el director cuando vino la crisis de 1995. En ese momento, dice, cuando sintió la frustración de que el gobierno mexicano apoyara a otros bancos, pero no al suyo, sufrió un "trancazo profesional brutal", pues el dinero de todos los inversionistas, incluyendo el suyo, se esfumó.

Sin embargo, esos trancazos nunca le quitaron las ganas de seguir luchando. "Soy básicamente un optimista empedernido. Nunca he creído en la palabra no. Me encanta buscar cómo sí, lo cual me ha llevado a hacer grandes estupideces, unas veces, y otras, no tanto. Pero así me gusta vivir.
No me veo retirado. Siempre me gustaría tener algo que hacer."

En el balance de su vida, dice: "En la parte profesional, yo creo que me ha ido muy bien, pero en la parte económica, ha sido una montaña rusa: he estado arriba y abajo constantemente, porque he sido parte de la esencia económica de cómo le ha ido al país. No me ha ido distinto a como le ha ido al país, con el que siempre he jugado, donde siempre he jugado."

Por eso, reflexiona, si volviera a nacer, "lo haría de forma distinta, porque metí muchas patas y cometí muchos errores". Insiste en que no es tan arrogante como para decir que volvería a hacer las cosas del mismo modo si tuviera una segunda oportunidad. "Sería un imbécil si lo volviera a hacer igual." EF

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